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Motivación Emprendedora: Apaga la ira, enciende tranquilidad

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La semana que estamos iniciando este llena de buenas cosas, en particular en la ciudad de Quito, amaneció con un día bastante bonito, el tráfico no sé por qué estuvo menos complicado, en fin, hay que ponerle buena actitud y ganas a todo lo que hacemos.

Y es que así aparecen los días unos grises otros soleados, unos más complicados, otros quizá más sencillos y aunque todo cambia, las cosas siempre siguen renovándose y nos vamos moviendo en ciclos,  muchas veces  las cosas no siempre van de acuerdo a lo que hemos planeado, pues el destino  trabaja de forma que quizá no entendemos, que siempre nos sorprenderá con todas las posibilidades que nos ofrece el despertar cada día.

Nunca es tarde para levantarse y sin importar como amaneció sonreír

Nunca es tarde para empezar un nuevo camino y dar el primer paso

Nunca es tarde para empezar a ver la vida de una manera diferente,

A veces hay que cerrar los ojos para en la primera imagen ver lo importante

Quizá ese día puede ser hoy

Hace unas semanas estuve dictando un par de talleres de inteligencia emocional en el trabajo, un tema sin duda fascinante pues aprendiendo a manejarla nos lleva por caminos personales y profesionales muy interesantes, quiero tratar un tema particularmente sensible en esta ocasión, por tanto:

Les invito en este momento a que recuerden un instante en el que explotaban por dentro de ira, en el que sentían como su temperatura corporal empezaba lentamente a incrementarse, en el que cerraban sus puños lentamente hasta que estaban muy apretados, en el que su rostro mostraba una expresión “diferente” en el que el sentido común se escondía temeroso en alguna parte de su cerebro, les invito a estar: “molestos”

Todos hemos vivido situaciones en que nos hemos desatado en furia, tanto que hemos sentido cómo esa ira aumentaba sin poder remediarlo, ni poder alguno pudiera aplacarlo.

¿Quién no ha notado como una simple chispa encendía un fuego que se extendía por todo nuestro ser?

Lo peor ha sido que esta furia incontrolable nos ha llevado a decir y hacer cosas de las que nos hemos arrepentido profundamente después.

Y después cuando todo ha pasado nos sentimos mal por nosotros mismos, sentimos vergüenza, sentimos lástima y peor aún regresamos a ver los efectos colaterales de quienes  nos rodean. Pues resulta que muchas veces hacemos daño a nuestros seres queridos u otras personas que estuvieron en el lugar y tiempo equivocados ( si contigo).

De hecho, muchas veces reciben nuestra ira por intentar calmarnos. ¿injusto? Quizá….. ¿Lo pensaste en ese momento?, seguramente no

“La ira es como el fuego; no se puede apagar sino al primer chispazo. Después es tarde”

-Giovanni Papini-

Quiero empezar definiendo ¿qué es la ira? : La ira es una emoción que produce sentimientos desagradables para quien la sufre. Hace que el cuerpo pase de un estado de tranquilidad a otro de gran activación.

Solemos sentirla sobre todo en situaciones interpersonales, es decir, cuando nos estamos relacionando con otros. La ira comienza generalmente con unos niveles relativamente bajos de malestar. Pero, si no gestionamos eficazmente ese malestar inicial, puede ir en aumento hasta estallar de forma explosiva.

Se ha demostrado en varios estudios científicos  que presentar una tendencia elevada a responder con ira ante distintas condiciones influye en la salud de forma notable.

En primer lugar, genera un conjunto de sensaciones desagradables para quien la siente. Pero no solo eso, sino que también es un indicador de la presencia de trastornos afectivos, como la depresión. Hay que tener en consideración que la ira hace que te enfermes, degrades el bienestar personal y también enferma ( a los que te rodean).

Es decir le regalas a tu entorno el día nublado, el tráfico caótico, los problemas, el ceño fruncido, los golpes en la mesa. (deberían agradecértelo)

 ¿Cómo se han  sentido cuando alguien se ha enfadado y ha proyectado su ira hacia ustedes? 

La respuesta puede variar en función de una serie de circunstancias. Si realmente fuimos nosotros los “culpables” justificados de su ira o si no; hay dos alternativas  la primera; si actuó de forma medianamente tranquila o si, por el contrario, ha desarrollado conductas altamente agresivas hacia nosotros.  

Con base en esto, hay que tener en cuenta que cuanto más descontrolada sea la ira y cuando las conductas que provoque sean más agresivas, la otra personas sentirá  atacada. Esto va a hacer que también se moleste y también le cueste controlarlo.  

El resultado de esta situación podemos imaginarlo todos, ¿verdad? ¿Quién no ha tenido una discusión por razones realmente “tontas”  y ha terminado en una batalla con heridas realmente serias?

Este tipo de situaciones puede generar un número considerable de emociones negativas en la otra persona. Empezando por la tristeza, puede pasar al enfado mismo, a la incomprensión o a la indefensión a la lástima, etc.

También puede generar sentimientos de rechazo (desilusión, lástima, etc.) hacia la persona que ha reaccionado así con nosotros. De hecho, si actuamos de forma iracunda con los demás de forma habitual podemos provocar que se alejen cada vez más y que nos encontremos cada vez más solos.

 Se ha encontrado que ciertas características de la personalidad influyen en el proceso de aparición de la ira: 

 -Hostilidad. La gente hostil presenta actitudes negativas de y hacia los demás, teniendo una tendencia mayor a experimentar ira y a responder con comportamientos agresivos, con el fin de provocar daños a los otros.

-Extroversión. Las personas introvertidas informan de que sienten más ira que las extrovertidas.

-Neuroticismo. Este concepto se refiere a la inestabilidad emocional que puede presentar la gente. Estas personas con un mayor neuroticismo experimentan más frecuentemente sentimientos de ira. También tienen una mayor tendencia a responder de forma agresiva.

-Autoestima y narcisismo. Los individuos que tienen una autoestima más alta, combinada con una personalidad narcisista, son más proclives a responder de forma irascible. Además, presentan un menor control a la hora de expresar dicha emoción.

Como hemos visto, la ira sostenida tiene muchas implicaciones negativas en nuestra vida. Esto hace que sea importante controlarla cuando salta la primera chispa (claro no es sencillo y requiere mucha práctica)  ya que, una vez que el fuego se ha extendido, va a ser muy complicado de controlarlo 

Y luego del incendio interno, vamos a regresar a vernos como un paraje desolado en el que existe solo ceniza y humo en todas partes, es ese instante cuando regresan los pies al suelo y empieza a doler, porque todo eso lo causaste ¡Tú!.

 Y empieza la “resaca” emocional, pues los sentimientos tienen consecuencias positivas o negativas, nuestro cielo o infierno, y muchas veces en el caso del  infierno, arrastramos a quienes no deberíamos.  

Piensa que si te enfrentas a la ira cuando es pequeña, si no dejas que se mezcle con el ego o el orgullo, luego no tendrás que curar heridas grandes y profundas.

 

 

Ing. Diego Padilla Terán

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